viernes, 22 de agosto de 2008

Cuando Gotham no era más que cinco muebles

(Ebriedades)

En mi infancia, mi hermano y yo jugábamos con los muñecos a Batman. Era en la otra casa, mi primer hogar tenía un salón grandísimo para mi yo reducido y se convertía, pues, en el imaginario más perfecto de la ciudad de Gotham. Para ello, mi hermano tenía un Batman con sus alas y su batmóvil, el que sacaron por la película Batman Forever en 1995. No penséis mal, éramos niños y no sabíamos (ni nos importaba) que la película fuese una porquería, simplemente lo muñecos molaban. Yo, lógicamente, tenía un Robin (absteneros de bromas ridículas), que era la representación de Chris O’Donnell en su papel. Si a eso le añadimos los múltiples Playmobil, las piezas de Lego y los desafortunados muñecos que nadie conocía provenientes de rastrillos (que hacían de los malos de turno), ya teníamos más que de sobra para representar con calidad nuestras aventuras. Y eran buenísimas, no había nada que me llenara tanto.

Eso de jugar con los muñecos ya ha pasado, claro está, pero no me avergüenza afirmar que me esforcé por retrasar ese fatídico día en el que el niñito abandona a sus juguetes. Recordando esos momentos puedo asegurar que de pequeño tenía mucha más imaginación que ahora; antes tenía historias a rebosar, cada día podía inventarme alguna situación juguetil con su clímax y todo; era como ser un director de cine de lo más completo, pues te encargabas además de todas las interpretaciones, del guión, del dificilísimo doblaje, del atrezado... hasta de la banda sonora y los efectos de sonido. No es que ahora sea incapaz de ello, quiero decir, de pensar historias, ¿pero para qué me sirven, para qué dejo mi imaginación fluir? La mayoría de las historias que me imagino son simulaciones ideales para solventar algunos aspectos de mi vida que o bien resultan fallidas o no llevadas a la práctica. Y menudos embrollos: esto no me llena nada y no sé qué podría hacer, qué hago para que tal o cual chica me haga caso, dónde podría conseguir un nuevo y motivador trabajo…

Debería haber empezado un blog cuando tenía diez años, seguro que entonces podría escribir más y cosas agradables y entretenidas (aunque por otro lado no estaría capacitado para confeccionar chistes eróticos o sexuales, fui muy avispado de pequeño, pero diez años son diez años…). A ver cuánto soy capaz de escribir a partir de ahora. No prometo nada, no vaya a ser que os decepcione, en ese caso mejor saco mis muñecos (que por supuesto siguen guardados en alguna parte) y quien se quiera apuntar, pues bienvenido sea.

5 comentarios:

Elendaewen dijo...

Yo no usaba mis muñecas, creo que las tenía impecables de no jugar con ellas. Pero hacía unos fuertes y castillos con los colchones y cojines del sofá... =)
"El caballero oscuro" es por lo visto, una de las mejores películas de Batman. Dicho por frikis y entendidos.

Saludos.

Anónimo dijo...

Con diez años llegas a tener esta riqueza de vocabulario y facilidad de escritura y no te imagino con tiempo para escribir en un blog, te estarían haciendo pruebas y análisis de todo tipo... :).

Es más... llegas a perder el tiempo delante de una pantalla en vez de realizar tus guiones en aquel grandísimo salón y hoy no estarias echando en falta esa parte tan bonita de tu vida.

Ahora los niños juegan con un mando o un teclado, a la vez que tienen repisas y cajones llenos de muñecos transformables y super-articulados a los que no echan cuentas. A ti te bastó un muñeco de rastrillo y "nada te llenaba tanto"... crees que ellos hablaran con tanta nostalgia de sus ordenadores como tú de tus batallas?

Date con un canto en los dientes, como nosotros nos damos cuando te leemos... 13 años después...

Ma´heona´e dijo...

¿Que para qué sirven? Después de meses preguntándome lo mismo, diciéndome que todas esas historias que no puedo dejar de crear son inútiles, un sin sentido que sólo me hace sufrir porque no me llevan a ninguna parte, he llegado a una conclusión: no se puede evitar lo inevitable. Y los que tenemos la cabeza llena de historias... Qué quieres que te diga. Es una gran suerte.

Besitos

Carlos (Sr. Chow) dijo...

Muchas gracias por vuestros comentarios, señoritas... (no sé muy bien porqué, pero intuyo que la persona anónima también es una fémina). ¡Mis disculpas si no es así!

sacris dijo...

Todavía tengo mis Lego y mis Playmobil guardados en el trastero... y no descarto volver a jugar con ellos! En mi casa el salón no, pero la terraza se convertía en varios mundos y épocas diferentes, desde los indios hasta el espacio o el oceano.