sábado, 24 de mayo de 2008

Reencuentro con Taniguchi: El rastreador (I)

(Ebriedades)

-Para leer la segunda parte pincha aquí-

Acabo de terminar Barrio Lejano, un cómic de Jiro Taniguchi que compré en el Expomanga de este año en Madrid. Fue algo fortuito a medias, pues quería leerlo desde hace bastante tiempo, cuando conocí al autor tras leer su precioso El almanaque de mi padre, y no asistí a la feria con intención de comprar nada. Subí a Madrid para visitar a mis amigos de la universidad, ni sabía que el Expomanga coincidía con mi llegada, pero en el trabajo me pidieron que fuera a cubrir la presentación del juego Dragon Ball Z Burst Limit. Y allí, en el stand de la editorial Ponent Mon, Taniguchi volvió a mí en el momento más adecuado: con un oportuno 3 por 2 como oferta. Total, un chollazo: los dos tomos de Barrio Lejano + El rastreador (otro de mis esperados, y encima gratis). Quedan para otra ocasión La época de Botchan, El olmo del cáucaso, La cumbre de los dioses y otros tantos… En la página web de Ponent Mon podéis echar un vistazo a la colección dedicada al japonés. Concluyo este párrafo introductorio afirmando lo contento que salí por mi compra (que incluyó además una camiseta con el logotipo totoresco del Studio Ghibli).


El rastreador (Sosakusha)

Fue el elegido para el trayecto de vuelta a casa, el cual me atrapó durante las tediosas horas de autobús. El cómic tiene uno de esos personajes que son para quitarse el sombrero: Shiga, un hombre de edad madura que todavía conserva un intacto sentido de la responsabilidad, una ideología humana prácticamente inexistente en la sociedad de hoy día. El hombre, un alpinista recluido en una montaña desde hace más de una década, baja a la ciudad al enterarse de que la hija de su mejor amigo, muerto en su última expedición, ha desaparecido. Su misión es encontrarla a toda costa, y Shiga emprenderá un pequeño periplo por la moderna ciudad japonesa, buscando pistas desconcertantes y soportando palizas en barrios peligrosos, la desesperanza de los jóvenes corrompidos y el desprecio de los desconfiados.

A diferencia de Barrio Lejano y El almanaque de mi padre, El rastreador es un sofocante thriller que me puso el corazón como el solo de batería de una alocada banda de jazz, de forma gradual desde la primera página hasta la última (336 tiene la obra), tomándose el tiempo que hace falta hasta llegar a ese increíble clímax que no me pude creer cuando lo vi... Pero todo ello sin que falte lo que ya identifico como el toque Taniguchi: la humanidad de su historia, una compleja radiografía de los sentimientos de cada personaje y de la relación entre estos. Como soy un anti-spoiler, no revelaré nada más, por supuesto, cualquier comentario incisivo sobre el argumento estropearía las emotivas sorpresas que nos depara el genio de Taniguchi en cada viñeta.

En El rastreador encontré, además, otra de las pasiones del autor: el montañismo y los entornos naturales, Shiga viene de ese mundo y se enfrenta a la ciudad tras haber roto con ella años atrás; motivo por el cual su lectura me pareció, además, un acertado y casual paso para descubrir sus obras centradas en la naturaleza y el montañismo (Z, La cumbre de los dioses, Seton…).

Aún está sobre mi cama el tomo 2 de Barrio Lejano, pero como el post me ha salido más largo de lo que esperaba, os daré un descanso y dejaré mi pasional reseña para la próxima ocasión.


1 comentario:

Rocío dijo...

que haces artista!!!?? como va todo? espero que mu requetebien! La semana pasada encontre un huequito y me puse a ver "Deseando amar"... me encantó!!!! menuda fotografía, menudos diálogos... buafff... chulísima! Ahora en cuanto encuentre otro ratillo me pondré 2046 y ya te contaré... Mientras, te dejo un besillo mu grande, ok? Cuídate mucho Carlos! ;)